Roberto Fontanarrosa a Edgardo Broner: "El fútbol tiene las historias de la vida"

Roberto Fontanarrosa, escritor argentino. Imagen vía www.negrofontanarrosa.com
Entrevista concedida por el genial escritor argentino al diario PANORAMA, publicada el 1 de abril de 2007. 

Dio una charla sobre Humor y Literatura, ante el auditorio repleto de la Biblioteca Nacional. Sus planteamientos originales provocan carcajadas y aplausos. Roberto Fontanarrosa pelea por la vida con una mentalidad tremendamente positiva, atacado por esclerosis lateral amiotrófica, que le ha quitado la movilidad de sus piernas y brazos, pero se ha arreglado para seguir comunicando.

El fútbol ha sido un tema fundamental de la obra de “El Negro”, desde la novela El Área 18, los libros Puro Fútbol y No te vayas, campeón, además de sus dibujos apasionantes.

Fanático de Rosario Central, Roberto Fontanarrosa se entusiasma hablando del balón.

—En su libro El fútbol es sagrado, contaba que esa frase marcaba un estilo de vida. ¿Sigue siendo su lema?

—No he cambiado, con el tiempo no es que uno se va volviendo más sabio y más ecuánime. Al contrario, uno acentúa las manías, las obsesiones y dentro de eso está también este tipo de pasión y casi fanatismo por el fútbol. Así que yo sigo muy pendiente del fútbol en general, de Rosario Central en particular. Y ahora, por suerte, después de más de un año he podido volver a la cancha. Con escasa suerte para Central porque de tres partidos perdimos dos, pero el hecho de poder volver con el grupo de amigos como lo hice tantos años es un poco abonar esta pregunta tuya de que el fútbol es sagrado.

—¿Reflexionó sobre por qué nos gusta tanto el fútbol?

—Una vez escuché decir que si no se entiende que el fútbol es una pasión, no se entiende nada. Y las pasiones son muy difíciles de explicar. El fútbol profesional es la punta muy atractiva de un iceberg, pero debajo hay miles y miles de chicos, adolescentes, jóvenes, no tan jóvenes, mayores, viejos y muy viejos, que juegan al fútbol, como lo hice yo, mal, toda mi vida. Ahí creo que está el secreto que parte del hecho de que es un juego muy bien pensado, atractivo, no es caro para practicar. Y de ese gusto por el juego, paralelamente viene la identificación con una camiseta. Si hay una rivalidad cercana como en Rosario, la de Central y Newell’s, eso se identifica desde el comienzo, porque la rivalidad alimenta la pasión.

—¿Esa pasión es especial en Argentina?


—Está ligada con el orgullo nacional. Algunos gobernantes nos han querido hacer creer que éramos del primer mundo. Obviamente no lo somos, pero paradójicamente los futbolistas argentinos siempre se han codeado con el primer mundo. Basta con nombrar a Alfredo Di Stéfano, Sívori y obviamente a Maradona. Entonces para un país acomplejado, geográficamente marginal, el hecho de tener un motivo de orgullo, de que los mejores representantes de un juego que nos gusta mucho estén a nivel internacional nos produce una gran satisfacción. En algún lugar de la Biblia debe decir y los argentinos jamás perderán al fútbol, porque nos produce una especie de sorpresa, vergüenza, perplejidad, cuando pierde el seleccionado argentino. Pero creo que eso está relacionado con un orgullo que es muy legítimo y una cultura que viene muy de lejos, porque desde que uno nace, escucha a los padres y a los abuelos hablar de jugadores que vieron, de partidos, de goles.

—¿Cómo se convierte en un tema de inspiración para escribir?

—Acá no había una literatura de fútbol acorde a lo que significa el fútbol para nosotros. En mi adolescencia yo leía a los periodistas deportivos de El Gráfico, pero se circunscribía al juego en sí y para mí siempre quedó limitado a eso hasta que, más adelante, me impresionó un cuento del escritor uruguayo Enrique Estrázulas, que se llamaba Desde el Barro, dedicado al Pepe Sacía. Era ficción en general, pero ahí había otra forma de contar, otra mirada. No era la narración de un partido ni nada por el estilo y fue como una sorpresa. Encontré algo tan lindo, tan atractivo, que pensé que, en un tema que a mí me gusta mucho, podía empezar a escribir. Y con el crecimiento enorme del fútbol como negocio y la buena respuesta del público, varios empezamos a escribir. Hoy hay una producción mucho más acorde a lo que es el fútbol en Argentina. Lo que sí hubo siempre, porque es una situación extrema, es literatura sobre boxeo. Pero el fútbol también tiene las historias de la vida, generalmente que nacen de la pobreza, el triunfo, la derrota, el fracaso, la gloria, la conjunción del grupo, todas las internas que puede haber en un equipo. Es muy rico para escribir sobre esto y de la pasión en sí, tanto del hincha como de los jugadores.

—El fútbol sudamericano debe ser una fuente de inspiración más fuerte por cómo lo vivimos.

—En los países sudamericanos el fútbol sigue siendo, como podría ser en África, una posibilidad de salvación económica. Pero, como todo en Latinoamérica, tiene un vigor, un relieve y un conflicto, que es más atractivo, más dramático que lo que puede ser en Europa o en Japón. En el Mundial de Francia, vi estadios hermosos y por ahí extrañaba un poco los partidos de la primera B, en canchas pequeñas, en que uno está cerca de los jugadores, escucha los gritos, a la hinchada. Es algo más cercano a lo casero, uno pudo haber jugado en esas canchitas miserables. Te sentís muy identificado.

— ¿Se imagina la Copa América en Venezuela?

—No me asombra. Los estadios eran buenos, los de San Cristóbal y Maracaibo. No era que parecía un fútbol amateur. Obviamente sabíamos que el fútbol no tenía el predicamento que tiene en otros países latinoamericanos, pero Venezuela ha estado participando, ha hecho muy buenos partidos, se nota un progreso evidente y estas cosas no son dinámicas. Perú hoy ha decrecido mucho. Ha crecido Ecuador, ha crecido Venezuela y baja Colombia. No me asombra y uno se congratula de que sea así, de que en el bloque latinoamericano haya más participantes de fuste.

—¿Prefiere una Copa América a una Eurocopa?

—Ni hablar. En la Eurocopa hay muchos jugadores que no conozco, hay equipos muy aburridos, como algunos nórdicos. En la Copa América uno tiene más conocimiento de jugadores. Ahora vienen a la Argentina tantos futbolistas latinoamericanos, uno se acuerda que uno jugó en Platense, el otro pasó por Banfield. Eso me despierta curiosidad y ya estoy un poquito más empapado de cada equipo. Y aparte hay rivalidades muy manifiestas, que se van dando con el paso del tiempo, como la de Argentina con Colombia, a partir de la catástrofe del Monumental, Uruguay-Brasil, los dos con Argentina, Chile-Perú, Chile- Bolivia. Es lindo, es lindo, realmente a mí me gusta más.

—Cuando comenzó la televisación por cable, un dibujo suyo mostraba a un argentino que se deprimía cuando perdía el Galatasaray de Turquía. ¿Qué le parece esa identificación con equipos extranjeros?

—A mí me sorprendió. Ahora me acordaba que, al llegar a Venezuela con Clarín cubriendo al seleccionado argentino, había un montón de chicos venezolanos con camiseta argentina o pidiendo autógrafos a los jugadores que veían a través del cable. Acá antes, en la provincia, había una enorme proporción de River o Boca, pero los de Córdoba son de Belgrano, ni que hablar en Rosario. Me sorprende que en México dicen yo soy del América y del Cruz Azul. Uno es de un solo equipo.

—¿Se hereda?

—Son diversas las maneras, generalmente por una transmisión o imposición paterna o del entorno. En mi caso mi viejo no era tan fanático del fútbol, pero el resto de mi familia y mis amigos más cercanos del colegio eran de Central. Eso determinó que yo fuera de Central.

—¿Ha tocado en sus cuentos el tema de las supersticiones, que en el fútbol es real?


—Completamente real. Yo no lo vivo tanto, pero si he ido a la cancha con una gorra y ganamos, la repito, pero la mejor cábala es tener once buenos jugadores, porque no te alcanzan las gorras, las remeras. Un par de partidos y ya tenés que cambiar todo. Yo lo veía ahora con el dibujito que hice para la camiseta de Central. Cuando se hizo la presentación le pedí al Kily González que no perdiéramos los tres primeros partidos, que me iban a insultar por el dibujito. Afortunadamente los tres primeros partidos no los perdimos, perdimos los siguientes. Pero uno mismo entra en eso.

— ¿Qué jugadores sudamericanos le gustan?

—Empezando por los brasileños, Ronaldinho, el mismo Robinho que llegó extremadamente joven al Real Madrid. También el uruguayo Forlán, el chileno Matías Fernández, Juan Arango, que es muy buen jugador. El colombiano Radamel Falcao juega muy bien. A mí me atraen los delanteros, los creativos.

—¿Y de los argentinos?

—Yo siempre he tenido una predilección por lo que era la tradición de los números 10, el jugador que en Italia llaman fantasista, que los mismos italianos lograron eliminar por completo. El habilidoso talentoso como el Beto Alonso, Bochini, obviamente Maradona, que son los que hacen la diferencia y por algo son los que primeros se llevan a Europa. El inconveniente es que se los ve poco tiempo en Argentina, como al “Kun” Agüero. A Messi, que me parece deslumbrante, nunca se lo vio. Si hay un partido del Barsa con el Recreativo que no vería, si está Messi lo voy a ver, seguro.