Richard Páez: "La Copa América 2007 fortaleció nuestro fútbol"

Richard Páez, seleccionador de Venezuela durante la Copa América 2007. 
El torneo de mayor importancia en la historia del deporte en Venezuela tuvo a Richard Páez Monzón como guía. Diez años después, el merideño no olvida la importancia de la Copa América de 2007, en la que fungió como seleccionador de la Vinotinto.

Los criollos consiguieron, de la mano del timonel Páez, su segundo triunfo en la copa, 40 años después del primero, además de pasar a los cuartos de final. El país, enfervorizado, siguió a su equipo del alma en las sedes de San Cristóbal y Mérida.

Empate a dos ante Bolivia, triunfo 2-0 sobre Perú y paridad sin goles con Uruguay en la fase de grupos; en cuartos, sucumbieron 4-1 ante los charrúas.

Pero más allá de eso, la nación dio un salto adelante en su historia futbolística, no solo en el campo, sino fuera de él. Páez analizó para PANORAMA los logros, algunos de ellos aún en proceso de consolidación.

—¿Qué significó para el país la Copa América de 2007?


—Fue un hecho inédito. Venezuela nunca había tenido la posibilidad de ser anfitrión de la Copa América, por razones diversas: porque no existía una organización para presentar estadios de primer nivel y porque la selección no era competitiva, no tenía respaldo para tener un torneo. A raíz de los triunfos en 2001 se dio la oportunidad. Existió el apoyo del Gobierno con la creación de nueve estadios de primer nivel. Así, nuestra selección se preparó con espíritu de competitividad, con una planificación cercana a lo ideal, con trabajos previos, incluso un tiempo en Costa Rica. Toda esa preparación dio los frutos, porque un equipo como Venezuela, que casi siempre era eliminado en la primera ronda y de una manera ordinaria, pasó a la segunda ronda. Fue un gran avance. A partir de la Copa América de 2007, Venezuela se colocó en un plano competitivo en un torneo importante. Eso nos obligó a seguir la evolución.

—¿Cómo fueron las concentraciones? ¿Quiénes eran los líderes, quiénes los bromistas, cómo era el día a día del grupo?

—Era una concentración que amalgamó a una cantidad de hombres que tuvieron la fortuna de vivir la experiencia de la selección cenicienta, que no le ganaba a nadie, y que luego de esa transformación vivieron la etapa de la Vinotinto en sus orígenes. Era un liderazgo compartido: algunos, por su actuación en la cancha, quizá no muy conversadores, pero que daban seguridad, como el “Pájaro” Vera, Juan Arango, Ricardo David, José Manuel Rey; luego, los líderes por su expresión y su juego, como Urdaneta, Dudamel, “Pequeño” Rondón (durante la preparación, aunque estuvieron ausentes en el torneo). Tanto afuera como adentro expresaban ese liderazgo. El humor lo ponían “Pequeño” Rondón, Vallenilla, Jorge Rojas, Cichero, que eran líderes en el aspecto extrovertido.

—Le tocó dejar por fuera al hoy seleccionador nacional, Rafael Dudamel. ¿Cómo ocurrió?

—No fue fácil tomar una decisión de tanta consecuencia, de escoger a los dos arqueros y salir de Rafael Dudamel por cuestiones técnicas. Hoy él lo debe comprender mejor, cuando le toca resolver cuál será el seleccionado definitivo, cuando uno tiene que asumir posiciones que afectan a unos y favorecen a otros. Como en ese momento se lo decía, después de haber pasado tanto tiempo en carácter protagónico, le correspondía a otro asumir ese reto, por cuestión de edad, de actuación… y en esa etapa resolvimos por Renny Vega y Javier Toyo.

—¿Le costó armar el once titular? ¿Tuvo alguna duda?


—Como ya teníamos prácticamente seis, siete años con el equipo, que ganó cuatro partidos seguidos en las eliminatorias a Corea y Japón, esta Copa América formó parte del proceso evolutivo. El que entrara como titular o suplente sabía lo que era ponerse la Vinotinto, no sentía presión, sino un privilegio, un compromiso. Nuestros jugadores entendieron que necesitaban compromiso y determinación, ellos colocaron la rebeldía y la irreverencia en el campo.

Fue una demostración en la cancha de que debíamos dar resultados, y cumplieron. La Vinotinto se mostró competitiva, nos sacó un equipo en segunda ronda, un equipo acostumbrado a este tipo de partidos (Uruguay).

—Diez años después, ¿cuánto ganó el balompié nacional con la Copa América?

—A partir de 2007 se vio un cambio en el fortalecimiento del fútbol venezolano en su parte organizacional y competitiva. La copa fortaleció nuestro fútbol. El contar con nueve estadios de características internacionales; el que decidieran, por fin, la implementación del juvenil en el campo, algo que pedíamos desde 2001-2002, que cambió la profesionalidad de los juveniles. Eso cambió las características del sub 20 y sub 17 que ahora va a los torneos sudamericanos. Y luego, aumentar la responsabilidad y el compromiso de los clubes profesionales. Todavía no han logrado el máximo de su potencial, no se ha logrado el mejor nivel en el torneo profesional, pero ha dado un salto inmenso respecto a la organización.

—El boom de la Copa, ¿qué sumó para la Vinotinto? ¿Y qué aporte dejó usted?

—La Vinotinto se convirtió en un fenómeno social, no solo deportivo, que transformó a jugadores, fanáticos y dirigentes. Ha exigido una visión diferente en el fútbol venezolano, en el sector interno y externo. Nos dio una cara diferente ante el mundo. Ser vinotinto es tener una mentalidad ganadora, es determinación, irreverencia, atrevimiento. La Vinotinto le enseñó al país que trabajando en equipo, de manera seria y organizada, podemos conseguir resultados que parecen imposibles. Y Richard Páez fue el hombre que abrió el grifo de la esperanza, de la libertad, del ingenio, que le permitió al jugador conseguirse con la autonomía para jugar con mentalidad ganadora.

La Copa

Primera ronda (clasificados)


Grupo A: Venezuela, Perú, Uruguay.

Grupo B: México, Brasil, Chile.

Grupo C: Argentina, Paraguay.

Cuartos de final

Venezuela 1-4 Uruguay, Brasil 6-1 Chile, México 6-0 Paraguay, Argentina 4-0 Perú.

Semifinal

Brasil 2-2 Uruguay (5-4 en penales), Argentina 3-0 México.

3er lugar

Uruguay 1-3 México.

Final

Brasil 3-0 Argentina, en el “Pachencho”.