Messi en tres tiempos: expertos de Sudamérica y Europa analizan al 10 argentino

Lionel Messi y su hermana Sol. 
De la mano de la abuela Celia, el pequeño Lionel caminaba hacia la cancha de tierra del club Abanderado Grandoli. Era de temer la “nona” Cuccittini: en algún momento, llegó a amenazar al padre de uno de los rivales en un clásico contra el club Alice ¡con una botella!. “Nos bancaba todos los caprichos, los primos nos peleábamos por dormir en su casa”, recuerda Leo en una entrevista con el diario Mundo Deportivo, en 2009. “Pienso mucho en ella y le dedico mis goles. Querría que estuviera aquí, pero se fue antes de verme triunfar. Eso es lo que más rabia me da”.

Nació el 24 de junio de 1987 en la Clínica Italiana de Rosario, bajo el nombre de Lionel Andrés Messi Cuccittini. Hijo de Celia y Jorge, pesó 3 kilogramos 600; Rodrigo y Matías son sus hermanos mayores, María Sol es la menor.

Fallecida en 1998, su abuela Celia ocupa todas sus celebraciones, aunque en los últimos años se agregan las dedicatorias a los pequeños Thiago y Mateo, sus hijos con su novia de toda la vida, Antonella Roccuzzo, con la que se casó en Rosario esta semana. Levanta los dedos al cielo, como señalando a la “nona”, y luego mira hacia la tribuna donde están sus cachorros.

Introvertido desde temprana edad, flojo para los estudios, recuerda el periodista argentino Diego Borinsky en su texto ‘Vida y obra de Lionel Messi’ que a los 11 años cambió su vida. “Se le detectó un problema con las hormonas de crecimiento que retrasaba su desarrollo óseo”, señaló el periodista de El Gráfico, autor de las biografías de Matías Almeyda y Marcelo Gallardo. “El tratamiento costaba 900 dólares por mes. Durante un año y medio, el dinero fue aportado mayoritariamente por la obra social y la Fundación Acindar, empresa en la que trabajaba papá Jorge. Hasta que se cortó (terminó)”.

Relata Borinsky que ni Newell’s ni River Plate quisieron hacerse cargo del tratamiento. Para 2001, entró el Barcelona en la vida de Messi. “Después de algunos titubeos, Barcelona lo fichó y se hizo cargo del tratamiento, que duró un año más”.

El pequeñín se aplicaba las inyecciones. “La gente que me veía se sorprendía o se ponía mal”, contó el genio argentino. “A mí no me molestaba ni me dolía. A cualquier lado que iba llevaba la jeringa en un estuche y la ponía enseguida en la heladera, si iba a la casa de un amigo, por ejemplo. Después agarraba y me la aplicaba yo mismo en el cuádriceps. Todas las noches era así. Un día en una pierna y otro día en otra”.



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Messi con el Barcelona. AFP



En las alturas del Stadio Olímpico de Roma, Messi besa el trofeo de la Liga de Campeones. Al fondo, cabizbajos, los jugadores del Manchester United. Suena Viva la Vida, de Cold Play, el himno espiritual del Barcelona de Josep Guardiola desde 2008. El 27 de mayo de 2009, el argentino levanta su segunda “Orejona”, pero la primera como protagonista de un Barcelona de leyenda.

El 10 anotó el segundo gol, un cabezazo que venció al gigantesco Edwin van der Sar. Con poco menos de 1,70 metros de alto, la frente de Leo envió la pelota al fondo de las redes. Era el momento cumbre de un equipo que maravilló a todos, dirigido por el catalán Guardiola.

Messi ganará dos Champions más, en 2011 y 2015, una con Pep y otra con Luis Enrique. En 2006, con Frank Rijkaard como técnico, elevó la de París. Cuatro Champions, cinco premios Balón de Oro, ligas, copas del Rey, tripletes, un sextete… Lo ganó todo. Y pensar que fue firmado, el 14 de diciembre del 2000, en una servilleta por el legendario Carles Rexach, entonces dirigentes del club catalán.

Se estrenó con el primer equipo el 16 de octubre de 2004, de la mano del holandés Rijkaard. Desde entonces, evolucionó para convertirse en el mejor futbolista del planeta, en constante lucha con Cristiano Ronaldo, el astro del Real Madrid.

Lo analiza Ignacio Benedetti, periodista deportivo caraqueño, colaborador de The Tactical Room, revista del ilustre Martí Perarnau: “Ha vivido una metamorfosis tremenda. Desde aquel Messi pegado a la línea como punto de partida, en la que volvió loco a Del Horno con el Chelsea en aquella noche de Champions, cuando era un extremo que hacía la diagonal para enfrentarse al arco. Luego Pep Guardiola lo ubica en esa posición de falso 9, un futbolista que idealmente parte de la posición natural de un delantero centro hasta retrasar su ubicación para confundir a los centrales, que no saben si marcarlo o quedarse esperando. En esa misma etapa prueba ser el doble falso nueve, a la variante de Messi se le agregaba Cesc”.

“Luego hay un momento extraordinario”, continúa Benedetti, “que para mí es el partido bisagra en la historia del fútbol moderno, el fútbol desde 1970, que es el partido contra el Santos (final del Mundial de Clubes de 2011, ganado 4-0 por los culés), en el que Messi retrasa mucho más su posición, asociándose con Xavi, Iniesta, Busquets. Pero después se convierte en un depredador, cuando rompe el récord del ‘Torpedo’ Müller de goles en un año natural. Luego pasa a ser el Messi creador de juego, que no marca tantos goles, pero es un Xavi bis, con pase gol e influencia en el juego”.

El argentino Juan Manuel Herbella es médico y ex jugador de fútbol. Militó en Vélez, Nueva Chicago, Colón, Quilmes y otros clubes, entre ellos el Unión Atlético Maracaibo en 2008. “La evolución de un jugador, la de cualquiera, va tendiendo a ser menos física y más cerebral”, analiza el antiguo central. “El cambio de juego de Messi se ha visto en el transcurso del tiempo, en el momento en el que arranca como extremo y ahora juega cada vez más centralizado. No hace grandes distancias en el partido, mucho más resolutivo que gestor. Termina recibiendo en instancias finales”.

“En los comienzos”, recalca Herbella, “uno recuerda las jugadas de Messi gambeteando desde la derecha a pierna cambiada y llegando dentro del área. Ahora los esfuerzos son más cortos. Messi jugará muchos años más, porque tiene la adecuación al chip del Barcelona y va siendo más eficiente en los movimientos. Terminará acomodándose al medio centro. Si se mantiene en el Barcelona tendrá una perdurabilidad mayor”.

“El actual es el Messi futbolista total”, recalca Benedetti, “un jugador que ha sabido manejarse en distintas zonas del campo de juego, que me recuerda más a Johan Cruyff que a Diego Maradona. La identificación es más con Cruyff que con Maradona. Retrocede, genera juego, es iniciador y rematador de jugadas. Dejó de ser un futbolista de jugadas, como lo era en la etapa de Rijkaard, cuando era un chico, a convertirse en un futbolista, subrayado. La evolución, incluso, supera a la de Cruyff, pero mantiene el hilo conductor en cuanto a la influencia de su juego”.

¿Está el Barcelona en el futuro de Messi? Desde la capital condal habla Imma Mentruit, periodista del diario Mundo Deportivo: “El Barcelona sigue siendo Messi y Messi es el Barcelona. No puede haber mejor continuación y final para la carrera de Leo que seguir en su actual club y, cuando llegue el momento, despedirse del fútbol vistiendo la camiseta azulgrana. Y sin lugar a dudas resultaría para el Barcelona un gran fracaso que no fuera así, que el mito se marchara y siguiera su trayectoria en otro club. Por eso creo que las dos partes pondrán lo máximo para que, pese a todos los problemas, la historia del Barcelona siga siendo escrita por Messi. Para el mito argentino es también, y pese a los conflictos fiscales, lo más natural terminar en el Barça su carrera, en el equipo en el que se convirtió en el mejor jugador del mundo”.



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“Se terminó para mí la selección. No es para mí. Lamentablemente lo busqué, era lo que más deseaba y no se dio”. La zona mixta argentina del estadio MetLife de Nueva Jersey era un funeral y Lionel Messi, más que un deudo, era quizá el protagonista. Así se sentía. Venía de perder su cuarta final con la selección albiceleste, tercera consecutiva tras la del Mundial de 2014, la Copa América 2015 y la Copa América Centenario 2016. Para colmo, las dos últimas ante Chile y en penales.

En 2004 y despuntando con las inferiores del Barcelona, rechazó a la selección española para unirse a la de su país natal. En junio de ese año debutó con la sub 20 albiceleste en un amistoso contra Paraguay, anotando un gol y repartiendo dos asistencias: vencieron 8-0.

El argentino José Néstor Pekerman, actual timonel de la selección colombiana, lo hizo debutar con la albiceleste de mayores el 17 de agosto de 2005, en un amistoso contra Hungría del que salió expulsado 47 segundos después de su entrada al 63. Una forma frustrante de estrenarse, que olvidaría luego con actuaciones de peso.

En 2008 ayudó a los suyos a ganar los Juegos Olímpicos de Beijing, al ganar 1-0 a Nigeria con una asistencia suya para el gol de Ángel Di María.

Pero sumó frustraciones: el Mundial de Alemania 2006, eliminados en cuartos y por penales ante los locales; en la Copa América 2007, cayendo en la final contra Brasil en Maracaibo por 3-0; topando otra vez con el muro alemán en cuartos, esta vez con un 4-0 y sin surtir efecto el toque de Diego Maradona en el banquillo; en la Copa América 2011, esta vez en casa, llegando a ser silbado por los suyos, perdiendo en cuartos y por penales ante Uruguay.

La gloria de ganar el Mundial en la casa del eterno rival, Brasil, también fue dolorosamente esquiva. Messi y sus compañeros cayeron 1-0 con Alemania en tiempo extra, en el Maracaná, en la edición de 2014.

Una tristeza que parece no tener fin.

Irremediablemente, las comparaciones con Maradona son constantes. La sociedad argentina mira a Messi con algo de desdén, mientras que la idolatría a Maradona, campeón con la albiceleste en México 1986, crece con el paso de los tiempos. Lo analiza Martín Macchiavello, periodista del diario Olé.

“Es tan complicado de resolver como la fórmula de la Coca Cola. ¿Quién fue más entre los dos? Tendrá varias aristas. Tengo 42 años y para mí, Maradona es más grande. El que no tuvo la oportunidad de ver a Maradona en su apogeo, dirá que es Messi. El que ha visto al menos 30 segundos de un digno Maradona, no va a tener ningún tipo de duda”, señala el editor de Olé.com.

Y se lanza, Macchiavello, a trazar las vidas paralelas de los “dieces”.

En sus cunas: “Vienen de raíces bastante distintas. Maradona debuta muy joven, en el 76, con 16 años, en un equipo como Argentinos Juniors, que ni siquiera era televisado los fines de semana. La gente lo iba ver al estadio, su fama se difunde de boca en boca. Pasó de Argentinos Juniors a Boca, y luego dio el salto a Europa cuando lentamente los partidos europeos se podían ver en directo en Argentina. No es un dato menor, porque en Argentina, buena parte de las categorías juveniles de Messi nadie la vio. No tiene registros de sus partidos infantiles. El hincha argentino no está muy identificado, no lo vieron domingo a domingo en los campos de juego. Es un personaje medio extraño. El Messi que vemos es el de Espn en la Liga española, en Fox con la Champions, pero no lo hemos visto en cancha de River, de Boca, aunque se hable de su deseo de retirarse con Newell’s o de un amor platónico por River. Es medio frío el tema de la empatía en el hincha. No es un jugador criado acá. Es más catalán que argentino. Es una diferencia grande con Maradona”.

En sus logros y actuaciones: “Nos deleitamos con los goles de Messi, pero por ahora tiene un grado de frustración mucho más grande que el de Maradona. Maradona tiene un campeonato del mundo, que no es poca cosa, un gran gol, un subcampeonato… es un jugador más del fondo, del barro, al que le ha costado todo mucho. En el caso de Messi, de Rosario, a 300 kilómetros de Buenos Aires, desde chico parece estar bien cubierto, en una casita de cristal. Orígenes distintos. Aparte, la personalidad: a Messi apenas se le conoce la voz, mientras que ya sabemos lo que es Maradona, con sus vaivenes. Siempre dice lo que piensa, con muchas agallas, que con la droga ha mostrado su peor cara y no se ha escondido. Maradona es humano, Messi es extraterrestre, desde el juego hasta su forma de ser. Es muy complicado tomar postura si Messi ha alcanzado lo que alcanzó Maradona. Más allá de que tenga su casa invadida de balones de Oro, de cualquier cosa… pero es también el modo de comunicar y llegar a la gente. Remarco esta parte por una cuestión de edad: para mi generación y las pasadas, no habrá nadie como Maradona; para esta generación de Playstation y la parabólica, el más grande es Messi. Cuesta tomar dimensión de quién es quién”.

Messi se arrepintió de su renuncia a la selección y volvió, platinado, a la albiceleste.

Hoy, con Jorge Sampaoli como técnico, el desafío es Rusia 2018. Enderezar la nave para la clasificación y, luego, pelear por elevar la copa en medio de la nieve eterna.

“Es muy prematuro todavía opinar sobre la articulación de Messi con Sampaoli”, apunta el ex zaguero Herbella. “Intuyo que Sampaoli querrá dotar a Messi de los compañeros más adecuados para llevar a cabo un funcionamiento en el que el jugador termine siendo el que da el desequilibrio final, la puntada final, en base a un juego colectivo que lo acompaña, lo sostiene y lo contiene”.

¿Será la hora de la gloria para el pequeño niño de Rosario?