Francovig, el gol increíble

El Táchira de Francovig. 


Entrevista realizada a la gloria del Deportivo Táchira en 2007, publicada en el diario PANORAMA.

Minuto 35, partido 1-0 a favor de los de casa. “El Catire” rebotó el balón una, dos, tres veces. Pateó de derecha para sacar de meta, buscando a cualquiera de sus compañeros en el ataque. La pelota picó una vez y bañó al portero rival. Entró.

“¡Goooooool! ¡Goooooooool! ¡¡¡Gooooooooool!!!”, gritó, enloquecido, el rubio guardameta de los locales. Era el 2-0 y la apertura de las puertas de la historia para Rubens Daniel Francovig. Su Unión Atlético Táchira derrotó, finalmente, 3-2 al multicampeón argentino Independiente de Avellaneda, por el primer juego de la Copa Libertadores.

Corría la tarde lluviosa del 19 de julio de 1987 y Pueblo Nuevo era un manicomio.

Daniel Francovig. 


Oriental en Venezuela
Francovig nació, hijo de una familia de clase media montevideana, el 11 de marzo de 1956. Contrariando la petición de sus padres, escogió las canchas como el lugar para desarrollar su vida.

De las inferiores del Nacional de Montevideo, saltó a Venezuela, luego de conversar con representantes del Atlético Falcón. “Vine con cinco uruguayos más, en una época donde el fútbol de aquí tenía más extranjeros que venezolanos”, recuerda el guardavallas oriental.

Después se iría al Portuguesa, donde coincidió con el que, a la postre, sería su técnico en el Táchira: Carlos Horacio Moreno.

“Sabía salir, aunque no lo hacía mucho. Debajo del arco era donde destacaba más, pero no era un portero volador, sino más de ubicación”, afirma el laureado estratega argentino.

En 1984 llegó al Táchira. Con los atigrados se consagraría.

Miguel Osvaldo González, delantero argentino que fue el delirio de los aurinegros entre los 80 y los 90, define cómo era su compañero, “El Catire” Francovig: “Dentro del campo de juego vivía el fútbol de manera muy apasionada. Muy temperamental, no le gustaba que nadie se burlara de él”.

“El fuerte de Francovig —considera Moreno, el técnico—, estaba en tener un poco de cada cosa. No era un dechado del trabajo durante la semana, pero dominaba su arquería. El saque de pelotas era muy bueno”.

Ya tuvo tiempo para demostrarlo.



El partido
Luego de ayudar a las victorias de 1984 y 1986 del Táchira en el campeonato venezolano, el punto supremo llegó con la Copa Libertadores de 1987.

El primer compromiso de esa etapa fue contra el Independiente argentino. Rosario Central y el Estudiantes de Mérida completaban el grupo uno.

La tarde del 19 de julio, Carlos Maldonado adelantaba, con un golazo, a los aurinegros. Vendría Francovig con su tanto.

“Fue una jugada rara. Nunca culpé a Islas por el gol. La cancha del polideportivo estaba mojada por el palo de agua y él se adelantó, que era lo normal”, rememoró el uruguayo. Luis Islas era el cancerbero rival, un ícono entre los guardametas argentinos de finales de los 80.

Empatarían Carlos Enrique y Alejandro Barberón. Pedro Febles pondría el 3-2 definitivo.

Febles evoca el tanto del portero: “Fue impresionante. Primero, por lo increíble de la jugada, nadie pensaba que la pelota entraría. Y luego, por el cómo, quién, a quién, dónde y cuándo se realizó el hecho: frente al máximo campeón de la Copa Libertadores, el Independiente de Avellaneda, con un gol que ocurre una vez cada cincuenta años, y en un estadio pleno”.

De allí, el uruguayo jugó un año en Deportivo Armenio, de Argentina. No obstante, su corazón estaba en San Cristóbal.

“Me ayudó en lo económico, me fui a jugar un año, pero extrañaba estar aquí. Al terminar el torneo, me llamaron del Táchira, de nuevo, y volví, dos días después del telefonazo”, apuntó.

En 1994 se retiró, con la camiseta de los andinos bien puesta. Tenía 35 años, y quería dedicarse a su familia.

Este año sirvió al Táchira desde una trinchera “especial”: presidente del Instituto de Deportes de la entidad, en la Copa América fue el líder del comité local.

Lejos de las canchas, Febles lo define: “En una palabra, Francovig es un amigazo. Una persona muy centrada, muy ubicada, pero con una broma siempre, a flor de labio”.

En una Venezuela de grandes porteros locales, Francovig destacó como uno de los mejores. Gracias a él, desde la mojada tarde de julio de 1987, su apellido es sinónimo de una cosa: el gol increíble.

Atigrados
Unión Atlético Táchira (3)
Francovig; Pacheco, Brito, Arnulfo Becerra, Adolfo Becerra (Arroyo); Rizzi, Nieto, Méndez, Maldonado (Gutiérrez); Febles, González.

Independiente de Avellaneda (2)
Islas; Clausen, Villaverde, Delgado, Enrique; Erba, Giusti (Reinoso), Marangoni, Bochini; Percudani (Navarro), Barberón.

Estadio polideportivo de Pueblo Nuevo. Asistencia: 18.000 personas, aproximadamente.

Árbitro: Armando Pérez Hoyos (Colombia).

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