Campeones del sufrimiento

El mexicano Juan Villoro, en su genial obra Dios es redondo, hablaba sobre el sufrimiento como origen de la victoria. Un equipo que no sufriera no tiene derecho, ni siquiera posibilidad, de titularse como campeón del mundo.



Se refería, en el libro de 2006, específicamente a Holanda: “Solo ganará el Mundial cuando sea menos feliz y se deje afectar por complejos y frustraciones que hasta ahora desconoce (...) Una secreta ley de las compensaciones exige que los campeones tengan raspaduras”.

Si es por sufrir, tanto Alemania como Argentina tienen una posibilidad cierta de coronarse hoy, en el mítico estadio Maracaná de Río de Janeiro. La albiceleste no gana un Mundial desde 1986, la “Mannschaft” no lo hace desde 1990... y en ambas finales se encontraron los dos.

Argentina no levanta un trofeo de peso  desde la Copa América de 1991, mientras que Alemania no se hace con una Eurocopa de Naciones desde 1996. Los dos llegaron a las finales continentales de 2007 y 2008, perdiéndolas. Los europeos, en la final mundialista de 2002, perdieron ante Brasil. Para hablar de alegrías,  tienen que remontarse al siglo XX.

 En la Copa del Mundo de 2014, aunque Argentina ganó sus tres partidos de la primera fase, lo hizo pasando por el purgatorio. Lionel Messi tuvo que entrar para apagar el fuego y llevarlos a las rondas siguientes, donde también ganaron con dificultad: necesitaron  penales para vencer a  Holanda en semifinales.

Alemania sumó siete de nueve puntos en la primera fase, ganando también a trompicones en las siguientes... salvo el 7-1 ante Brasil en semis.

Los europeos, por lo mostrado en el campo, parecen amplios favoritos (mayores armas en ataque, una defensa mejor organizada) ante una selección suramericana que surge más aferrada a los milagros que a las realidades. Si Villoro tiene razón, hoy celebra Argentina.  Pero claro, esto es fútbol. Cualquier cosa puede pasar.