Los precursores de la gran Vinotinto: Elie recuerda a la Venezuela del premundial 1966

Foto tomada del libro de La Vinotinto de Lázaro Candal y Claudio Méndez
Un vuelo chárter, directo,  llevó a Venezuela  con destino a Santiago de Chile. De los 24 jugadores convocados por César Farías, 16 militan en el exterior, desde Rusia hasta Ecuador, pasando por Alemania, España, Holanda e Inglaterra. Cada uno llegó desde sus clubes a reunirse en un hotel cinco estrellas de la capital venezolana, viajando el martes para el compromiso de hoy, por el premundial de Brasil 2014.

Estrellas reconocidas en la calle, asediados por fanáticos y periodistas, con sueldos extraordinarios. Con la última tecnología para recuperarse físicamente, para practicar y para jugar. Trasladados en autobuses de última generación, protegidos por fuerzas de seguridad.

Mucho cambiaron las cosas en 48 años.



El 16 de mayo de 1965 debutó la selección de mayores de Venezuela, a la que aún no se le conocía con el popular nombre de la Vinotinto, en una eliminatoria mundialista. Lo hizo ante Perú en Lima, compartiendo grupo con los incas y los uruguayos —todavía  no se jugaba el todos contra todos de hoy—, con precaria ayuda federativa, con un trabajo semiprofesional, pero con el corazón y la garra intactos.

Freddy Elie, capitán y defensor central de aquel combinado venezolano que cayó 1-0 ante los peruanos en el estadio Monumental, conversó con PANORAMA, recordando aquella primera experiencia de los criollos.

“No teníamos el apoyo, la atención que hoy en día tiene la selección. Nuestra preparación en aquellos tiempos era corta para afrontar cualquier competencia. No teníamos intercambio con selecciones de renombre, sino contra equipos del fútbol profesional. No trascendíamos con viajes, concentraciones, módulos de trabajo. Simplemente era entusiasmo, pundonor, entrega total, mucho corazón, la autoestima que teníamos por defender los colores”, recalca el zaguero, nacido en Haití y con experiencia en los premundiales de 1966, 1970 y 1978.

Venezuela es el último país de Suramérica en luchar por ir a un Mundial de Fútbol. En 1958 rechazó la invitación de la Confederación Suramericana de Fútbol tras conocer que dirimiría su cupo con Brasil y Perú, según el historiador Jesús García Regalado, en su libro Venezuela y sus selecciones de fútbol. Tras esa decisión, la Conmebol rechazó llamarlo para el premundial de Chile 1962. El camino a Inglaterra 1966 sería el primero en recorrer.

El argentino Rafael Franco, exjugador de Newell’s y River en su país natal, condujo aquel equipo, tomando a algunos jugadores del cuadro que participó en el torneo Juventud de América de 1964, entre ellos Elie, Luis Zarzalejo, Luis Mendoza y Octavio D’Suze.

“Para aquel torneo, Juventud de América en Colombia, entrenábamos tres veces por semana: lunes, miércoles y viernes. Los fines de semana jugábamos un amistoso con equipos amateurs o equipos de la liga profesional”, recordaba Freddy.

Las canchas del estadio nacional de El Paraíso, hoy Brígido Iriarte, y del colegio Fray Luis de León en Las Mercedes, recibían a los criollos.

 “Para la eliminatoria, la tónica no varió, con entrenamientos interdiarios. Hicieron una pequeña gira por Trinidad y Tobago contra equipos amateurs de la isla. Nunca se hizo un intercambio amistoso contra otros países”.

El escuadrón patrio estuvo conformado por 20 jugadores, todos del torneo local: Felipe Mirabal, Liberto Gala, Luis Zarzalejo, Miguel Nucete (La Salle), David Mota, Elie, Rafael Santana (Deportivo Galicia), Octavio D’Suze, los hermanos José y Antonio Ravelo, Johnny Arocha (UD Canarias), Argenis Tortolero, Atilano Anzola (Lara FC), Luis Mendoza, Nicolás Font, León Pino (Deportivo Italia), Marcelo Montes, Ernesto Blanco (Deportivo Portugués), Humberto Scovino (Valencia FC) y el marabino Luis Guillermo Pineda (Zulia FC).

Venezuela, que viajó el viernes 14 de mayo para jugar el domingo 16, formó en Lima con Mirabal; “El Indio” Mota, Elie, Zarzalejo y D’Suze; los dos hermanos Ravelo; Tortolero, Mendoza, Pineda y Santana.  Un 4-2-4, siguiendo la línea que implantó Brasil para ganar los mundiales de 1958 y 1962.

El combinado vinotinto perdió 1-0 en la capital incaica ante 40 mil personas, con un tanto de penal de Víctor Zegarra al minuto 38, tras una falta de Mota.

Tortolero fue el primero que marcó por los venezolanos en el premundial del 66, en la caída contra Uruguay 3-1, del 30 de mayo; Santana, Scovino y Elie metieron los otros tantos en la eliminatoria en Caracas, en el 6-3 ante Perú del 2 de junio.

La primera participación venezolana en una eliminatoria terminó sin triunfos, con cuatro derrotas, cuatro goles a favor y 15 en contra. Compartió grupo con los peruanos (caídas 1-0 y 6-3) y los uruguayos (5-0 y 3-1).

En lo deportivo, de aquel equipo, exalta  Elie a dos jugadores: David “El Indio” Mota y Luis Mendoza.
“Mota, hasta el sol de hoy, ha sido el mejor lateral derecho de todos los tiempos”, considera el exdefensor. “Era un adelantado en esa época. Hoy se habla de carrilero, pero David en aquella época ya lo era. Muy técnico, de una excelente proyección, cambios de frente extraordinarios. Fuimos compañeros en Galicia por cuatro años”.

“Mendoza era muy técnico, volante ofensivo, con una zurda impresionante, hacía goles de vez en cuando. Admiré mucho a Luis como jugador”, resalta Elie. “Fue un referente de nuestra selección, no lo podemos dejar de lado. Marcó época en nuestro fútbol. Desafortunadamente para él no logró jugar fuera del país, cosa que yo pude hacer, cuando incursioné en Perú en 1971”.

Elie también capitaneó a la primera selección que participó en una Copa América, la de Uruguay 1967. El equipo, también conducido por Franco, logró su primera (y única durante 40 años) victoria en el torneo continental, el 3-0 ante Bolivia del 28 de enero, con tantos de Scovino, Santana y Antonio Ravelo.
Foto tomada del libro de La Vinotinto de Lázaro Candal y Claudio Méndez

El debut ante Chile, en el estadio Centenario de Montevideo, resultó más que curioso para los caribeños. Indica Elie: “Al entrar a la cancha, el árbitro me dice ‘Capitán, ustedes se tienen que cambiar la camiseta porque se asemeja un poco al rojo de Chile’. Le dije: ‘Lamentablemente no tenemos”.

“Pero así no se puede jugar’, me responde el árbitro. Felizmente, uno de los veedores de la Confederación Suramericana de Fútbol era un miembro del club Peñarol de Montevideo. Nosotros no teníamos otra camiseta, ni siquiera alternativa. El entrenador me pregunta lo que ocurría y el señor nos dijo que no nos preocupáramos, que él podía solventar eso”.

“En aquel entonces el estadio Centenario era el recinto de Peñarol, donde tenía su depósito de materiales, y nos facilitaron la camiseta de Peñarol, la de barras negras y amarillas, como la que utiliza el Táchira. Al momento de regresar a la cancha, el poco público que había nos ovacionó, porque la mayoría de la población de la ciudad de Montevideo es de Peñarol”.

Con la camiseta del “Manya”, los venezolanos cayeron 2-0. Posteriormente perderían 4-0 con Uruguay, 5-1 con Argentina —Santana anotó la diana— y, tras la victoria ante Bolivia, 5-3 con Paraguay (goles de Mendoza, Santana y Antonio Ravelo).

“Tuvimos que jugar, como pioneros en la Copa América de Montevideo en 1967, con una camisa de cuello duro, con botones y bolsillo. Sobre el bolsillo cosieron el escudo de la federación. Una camisa de vestir, manga larga, con puño. El short y las medias eran grises”, describe  el capitán.

Los viáticos eran de tres dólares diarios. Además del solitario uniforme de juego, tenían uno de presentación: “Un pantalón de gabardina gris, una camisa blanca de vestir para corbata, una corbata y un paltó vinotinto”, todo guardado en una maleta provista por la Federación Venezolana de Fútbol. Sin utileros, cada uno llevando sus materiales.


“No podíamos intercambiar camisetas con ninguna otra selección, porque si no nos quedábamos sin camiseta para jugar”.

Tuvo que llegar el técnico José Omar Pastoriza a finales de los 90 para adecentar un poco el trato a los jugadores. Con el boom de la Vinotinto de Richard Páez, todo cambió. Un salto hacia adelante, pero un auténtico salto de siglo.

Hoy, los precursores como Elie miran con orgullo a sus sucesores. La esperanza es la misma: ir a un Mundial, esquivo durante estos 48 años. ¿Llegará la hora de sonreír?

Un guerrero venido de Haití 
Nacido en Puerto Príncipe, Haití, el 10 de marzo de 1946, Fréderic José Elie Arlet llegó a Venezuela en 1954.

Su padre, Fréderic, un técnico en electrónica que trabajó 48 años en Venevisión, vino al país en 1949 y cinco años después se trajo a toda su familia: su esposa Gisela y sus cuatro hijos, dos hembras y dos varones. En Venezuela nacerían dos hermanos más, uno de ellos Bobby, campeón con la Vinotinto en los Centroamericanos de 1982.

 “Por cuestiones de trabajo, papá se fue de Haití, que hasta el sol de hoy es el país más pobre del mundo occidental”, apunta el antiguo capitán vinotinto, hoy en proceso de recuperación de una operación de la vista. “Él se abrió camino viniendo a trabajar a Venezuela”.
Foto de Diario PANORAMA

Establecidos en La Guaira, su padre lo inscribió en el equipo club Línea Aeropostal Venezolana.  
Duro defensor central, se unió a la selección venezolana para el torneo Juventud de América de 1964. Disputó las eliminatorias de 1966, 1970 y 1978.

Elie se definió como jugador: “Disciplinado dentro y fuera de la cancha, de una entrega total, de una condición física extraordinaria, potencia en el salto, velocidad. Y técnico: no confundamos técnica con habilidad. Era muy técnico, pero no habilidoso, sino práctico. Tenía un don, algo que me dio la naturaleza o la genética: un poder de intuición impresionante, con los cambios de frente, los balones en velocidad. Cortaba el avance antes que el delantero. Era algo innato”.

Jugó en los equipos José Gálvez y el Alianza Lima de Perú, convirtiéndose en uno de los primeros vinotintos en incursionar en el fútbol internacional. Estuvo en 50 compromisos de Copa Libertadores con el Deportivo Galicia, Deportivo Italia, Valencia FC y Portuguesa FC.

Elie fue, en su momento, el jugador más caro de Venezuela. En 1972 se unió al Valencia FC por el equivalente de 1.500 dólares mensuales, pagando 75 mil bolívares por sus servicios.

Se retiró del fútbol activo en 1981. La tragedia de Vargas lo dejó sin hogar, arribando a Maracaibo en 1999. En la capital zuliana legó a dirigir, entre otros equipos, al Unión Atlético Maracaibo, en el 2001. También condujo a jugadores infantiles y juveniles.