Xabier Azkargorta a PANORAMA: "Venezuela ahora compite mejor"

Siguiendo la ruta de los conquistadores, el vasco Xabier Azkargorta llegó a América a la conquista del Potosí. Lo hizo, sí, pero con fútbol, llevando a Bolivia al Mundial de Estados Unidos 1994, el último al que llegó la selección verdiblanca.



Tras tropezar en las eliminatorias posteriores, a la Federación Boliviana de Fútbol no le quedó otra salida que volver a darle al hombre, de hablar directo y poblados bigotes que se encanecieron, casi 20 años después, el timón local.

El gris momento de la selección de los cóndores obligó al retorno del vasco. Son octavos en el premundial de 2014, con nueve puntos. Apelan a un milagro: Azkargorta no les ofrece sino trabajo, trabajo y más trabajo.

A una semana del duelo de Bolivia ante Venezuela en La Paz (7 de junio, estadio Hernando Siles), el vasco atendió a PANORAMA.

“Conseguí a la selección un poco bajoneada por los malos resultados y las fuertes criticas”, confesó el estratega, nacido en Azpeitia en 1953. Le preocupó “el estado anímico de los jugadores, porque el entorno de medios no les ayuda mucho”.

En 1993, apoyado en un equipo talentoso que contaba con Marco Antonio “El Diablo” Etcheverry, Julio César Baldivieso y Erwin “Platini” Sánchez, logró el pase al Mundial de Estados Unidos, el tercero en la historia del país andino, luego de los torneos de 1930 y 1950.

En aquel momento, tampoco era color de rosa la realidad boliviana, luego de no participar en diez mundiales seguidos. “Era muy parecida (la situación de entonces comparada con la actual). Tuvimos que superar fuertes críticas, además entonces no teníamos ninguna credibilidad y nos dieron por todas partes en el inicio. Entonces creo que era peor”.

Sin embargo, consiguió el boleto. Bolivia fue segunda en  su zona con once puntos (en aquellos tiempos no se eliminaban los diez equipos en un solo grupo), detrás de Brasil, a la postre campeona del torneo en Norteamérica.

“La clave fue un trabajo serio, honesto y basado en las convicciones”, apuntó el técnico. “Logramos hacer un grupo que creía en sí mismo y en el equipo. Pudimos con todo y con todos, sin ningún complejo”.

Luego del paso tormentoso de sus expupilos “Platini” Sánchez y Gustavo Quinteros por el banquillo verdiblanco, a “El Bigotón” le tocó regresar. Más allá de la propuesta, lo movió “el cariño que me da su gente”.

Luego del Mundial de 1994, Azkargorta asumió los timones de la selección chilena, el Yokohama Marinos en Japón, el Chivas mexicano y el Valencia español. En su nueva etapa con los del altiplano, solo ha sumado un triunfo ante Uruguay, 4-1. De resto, dos derrotas y dos empates, incluido uno contra la Argentina de Lionel Messi.

El próximo viernes enfrentará a Venezuela, quinta en la eliminatoria, con 15 unidades. Mucho cambiaron  las cosas en el orden futbolístico suramericano.  “Venezuela es un equipo que ha crecido, que compite mejor y que tiene la enorme ilusión de ir por primera vez a un mundial”, considera el estratega vasco, también médico.

De la Vinotinto de los 90 recuerda que “hizo una buena Copa América en Ecuador (1993) pero luego les goleamos (7-1 en Puerto Ordaz, 7-0 en La Paz). Creo que les sorprendimos”.

Está consciente de la preparación venezolana para la adaptación a los 3.600 metros sobre el nivel del mar.  “Cada equipo prepara como cree conveniente sus partidos”, apunta. Pero le resta peso al factor altitud como fórmula de las victorias de su selección: “Si la altura sola ganara los partidos,  Bolivia iría a todos los mundiales”.

El guipuzcoano reconoce a dos figuras venezolanas por encima de sus compañeros: Oswaldo Vizcarrondo y Juan Arango. “Siguen siendo los líderes de este grupo por jerarquía y calidad”.

Con Argentina primera del premundial, con 24 puntos, y la ausencia de Brasil de las eliminatorias como organizadora del torneo de 2014, considera Azkargorta que los cupos están para cualquiera. “El grupo está muy cerrado y se puede cerrar más. Colombia y Ecuador me parece que están muy bien”. Todavía sigue esperanzado en que Bolivia pueda entrar en el último tren a la tierra de la samba.