Perfil: Salomón Rondón, "El Gladiador" del gol venezolano


Hijo de un profesor de Química, consiguió la fórmula para hacer feliz a una nación: goles multiplicados por sacrificio. Al resultado, le suma humildad. No tiene otro camino a la alegría, y por allí quiere llevar a Venezuela a su primer mundial de mayores.



José Salomón Rondón Giménez, “El Gladiador”, es uno de los jóvenes valores del balompié vinotinto en la ruta a Brasil 2014. Luego de formar parte del conjunto sub 20 que clasificó al Mundial de Egipto 2009, el primero en la historia nacional, Salo ahora busca que el “gloria al Bravo Pueblo” suene en el país de la samba.

“Cuenta mi mamá que desde que estaba en su barriga jugaba fútbol”, afirma el delantero, de 23 años y 1,86 metros de altura. “En aquel momento estaba el auge de Maradona, por cierto. Desde que nací siempre andaba con una pelota y dándole patadas a todo. A los cuatro años empecé a jugar en mi colegio: mis ídolos eran Rivaldo y Ronaldo”.

El segundo de los tres hijos de José Rafael Rondón y Maitana Giménez, nació el 16 de septiembre de 1989 en el populoso sector de Catia, en Caracas. Sus hermanos son Gerardo y Onlymai. “Las enseñanzas que me dan mis viejos y de las que aprendo día a día son fundamentales para mi vida. Soy lo que soy gracias a ellos, me han llevado por el buen camino, me han dado muchos consejos y hablado sobre la vida, sobre cómo debo afrontarla, con esta profesión. Gracias a ellos soy quien soy”.

Sus primeros pasos en el mundo del fútbol los dio en el colegio San José de Calasanz, perteneciente a los padres escolapios. Aunque siempre admiró a Michael Jordan, icono de los Toros de Chicago en el baloncesto norteamericano de los años 90, su padre le llevó a que el fútbol se convirtiese en su principal afición.

Sin embargo, en su mente quedó el utilizar, algún día, el 23 que inmortalizó el estelar basquetbolista. “Siempre me gustó el baloncesto, y siempre veo videos de Jordan en sus tiempos como jugador. Es un ejemplo para un deportista de élite”.  Con el Málaga y la selección venezolana lo ha vestido, aunque en el Rubin Kazán ruso le tocó vestir el 99: el finlandés Roman Eremenko viste la camiseta de Su Majestad Aérea.

“No hubiese sido nunca profesor, mi papa me decía que era complicado. Si no jugaba fútbol, me dedicaba al baloncesto. Es un deporte que me llama la atención. Mi mundo desde pequeño fue el deporte. Incluso el boxeo me gusta”.

Pero el entusiasmo quedó en el gol. Y desde allí, la vida.

 “Desde los 10 años comencé a ver fútbol venezolano con mi papá, siguiendo al Caracas”, apunta el artillero vinotinto. Su primer ídolo en el balompié nacional era Dioni Guerra, un delantero portocruzano que hizo vida en el club rojo, pasando antes por el Minerven y el Deportes Concepción chileno, entre otros equipos.  Fue uno de los primeros jugadores venezolanos en despuntar en el exterior, aunque solo estuvo un año en el balompié austral. “Siempre lo he admirado”.

Luego de estar con el Calasanz, Rondón estudió en el Gulima, colegio en San Antonio de los Altos, estado Miranda. Continuó, entre libros y goles, hasta que el Aragua FC decidió llevárselo a sus categorías juveniles en 2005.

Con los aurirrojos debutó en el primer equipo en 2006. Tenía 16 años y jugó 30 minutos ante el Carabobo FC. De allí en adelante, despegó su carrera, ganando la final de la Copa Venezuela de 2008 ante el Unión Atlético Maracaibo (2-2 global). En ese torneo marcó tres goles, recibiendo elogios de buena parte del país y la mirada de equipos del extranjero.

Uno de ellos era el Deportivo Las Palmas, de la segunda división española. El cuadro canario decidió llevarlo, pero sin contar con el visto bueno del Aragua. Comenzó un “estira y encoge” entre el equipo maracayero y la Federación Venezolana de Fútbol contra el elenco isleño, que terminó con el delantero declarado en rebeldía y en el limbo futbolístico.

En agosto de 2008 fue presentado, finalmente, por Las Palmas. Solo tenía 19 años, un físico envidiable para el promedio en España y todas las ganas de mostrarse en el exterior, para hacerse un hueco en el once titular la selección juvenil que, desde principios de ese año, conducía César Farías.

No fue fácil adaptarse al balompié europeo. En la temporada 2008-09, luego de disputar solo 10 partidos, no pudo marcar. Los tantos llegaron un año después: 10 goles que despertaron el interés de equipos de la primera división. La labor estaba encaminada.

A la par de su desempeño en el balompié europeo, comenzaba a erigirse en uno de los líderes del combinado juvenil de Farías, también seleccionador de mayores. El sucrense lo hizo debutar con la absoluta el 3 de febrero de 2008, en un amistoso ante Haití, que terminó 1-1. Su primer gol lo gritó ante El Salvador, el 23 de marzo de ese mismo año, para la victoria 1-0.

El equipo sub 20 se preparó en Cuba y España para el Suramericano que recibía Venezuela, que se desarrolló desde finales de enero de 2009. En cuatro partidos del torneo continental anotó dos goles, llevando a Venezuela, junto con futbolistas como Yonathan del Valle, José Manuel Velázquez, Rafael Romo y Francisco Flores, entre otros, al primer mundial en su historia. La Vinotinto clasificó a Egipto 2009 como cuarta del continente, detrás de Brasil, Uruguay y Paraguay.

En España vivió “el momento más duro” de su vida. “Fue la muerte de mi abuela. Tuve que volver a Venezuela para estar en su funeral”.

María Isabel Pérez de Giménez, Maritza para la familia, era la que consentía a la futura estrella vinotinto. Era la esposa de otro de los pilares en su historia, Gerardo Ramón Giménez Meléndez. “Mi abuela ha sido mi vida. Es algo de lo que me costó mucho salir. La recuerdo y lloro”.

Todos sus goles, tras ese hecho y hasta el nacimiento de su hijo Rodrígo, fueron dedicados a ella. “Es la persona que llevo conmigo a todo sitio donde voy. Mi abuela siempre será mi vida, por todo lo que me enseñó. Junto con mi mamá me enseñó a cocinar y a hacer muchas otras cosas”. Cada vez que apuntaba al cielo, era para agradecer a su abuela.

El Mundial de Egipto 2009 fue el de la explosión de Rondón ante los reflectores del planeta fútbol. En tierras de los faraones, Rondón anotó cuatro goles, quedando igualado con su compatriota, Del Valle.

Málaga, de la primera división española, se interesó en sus servicios. El técnico portugués Jesualdo Ferreira decidió llevarlo al conjunto celeste y blanco, sobreviviendo el caraqueño a la transición que encabezó el chileno Manuel Pellegrini. En la temporada 2010-11 anotó 14 goles en Liga y dos en la Copa del Rey, y once en la 2011-12, el último de ellos sirviendo para la llegada a Champions del conjunto andaluz.

En España nació su hijo Rodrigo, fruto de la unión con Valeria Rosales. “Lo más difícil es irse de viaje o de pretemporada y despedirte de tu hijo. Me cambió todo. Me cambió la vida, para mejor. No hay día que llore y ría de emoción de ver cómo va creciendo mi hijo”.

La cálida ciudad del sur ibérico, muy parecida a cualquiera de Venezuela, se rendía a los pies de “El Gladiador”. Pero las necesidades económicas del equipo malagueño obligaron a la salida del criollo, uno de los más rendidores del equipo que estaba por disputar la Liga de Campeones.

Diez millones de euros –cifra extraoficial, el valor más alto pagado por un futbolista nacional- le hicieron cambiar la Costa del sol por el frío ruso. El Rubin Kazán adquirió al portento caraqueño, como una de sus bases para disputar la Europa League 2012-13.

“La vida aquí es buena, ahora el tiempo es muy agradable”, apunta, cuando mayo muestra su esplendor en el cielo tártaro, pasado el crudo invierno. “Lo más difícil aún no lo he vivido, y lo más gratificante es estar jugando, claro está”.

Kazán, capital de la república rusa de Tartaristán, con poco más de un millón de habitantes, recibió a Rondón. “Por su cultura, los rusos son personas cerradas, pero a mí me han tratado muy bien. Rusia es un gran país, enorme. Entre las cosas que me han impresionado está el nivel de la liga”.

Con el cuadro granate, que conduce el enigmático Kurban Berdyev, Salomón anotó cinco goles en la que fue su primera participación en un torneo continental, llevando al Rubin a la semifinal, donde cayó ante el Chelsea inglés, a la postre campeón. En el torneo local lleva siete tantos en 23 compromisos.

 En la Europa League vivió un momento amargo, que tuvo resonancia en los medios de comunicación. Un sector de la afición del Atlético de Madrid, a la sazón campeón del torneo, le ofendió racialmente, en el partido jugado el 14 de febrero de 2013 en el estadio Vicente Calderón. La solidaridad internacional no se hizo esperar, pero Rondón, todo madurez, evitó ahondar en el tema.

“No, el racismo no se va a acabar nunca”, juzga el delantero. “Eso se vive día a día, es cotidiano. Eso ya no tiene arreglo y la Fifa no va a hacer nada tampoco”.

Una forma en la que Salomón se mantiene en contacto con las raíces criollas es la música y la gastronomía. El delantero, como buen caraqueño, es salsero. Y como buen venezolano, la arepa forma parte de su alimentación.

“Me gustan mucho la arepa y el pabellón. Acá me la hace mi novia, que está con mi hijo”, confiesa el artillero. “No es fácil conseguir cosas venezolanas en Rusia, los productos son muy diferentes, pero ahí nos defendemos. La arepa, con lo que consiga: jamón, queso, mantequilla… con lo que provoque”.

En las eliminatorias suramericanas al Mundial de Brasil 2014, Rondón y compañía mantienen a Venezuela en el quinto lugar, con 15 puntos anotados. El delantero capitalino suma cuatro goles, que han significado siete puntos en total: el del 1-1 ante Uruguay en Montevideo, los dos del 2-0 sobre Paraguay en Asunción y el del 1-0 sobre Colombia en Puerto Ordaz.

“Cada gol significa la lucha constante de un sueño que está por ser conseguido”, considera “El Gladiador”. “Ya logré cumplir con uno (el Mundial sub 20) y ahora voy por el de mayores. Debemos seguir trabajando, porque aún no hemos hecho nada”.

Ausente ante Bolivia para la fecha 13 por sanción (7 de junio en La Paz), volverá ante Uruguay con la pólvora a punto (11 de junio en Puerto Ordaz).

“Esta recta final está complicada”, juzga el cañonero.  “Debemos afrontarla con mucha calma, sabiendo que todo pasa por sumar los puntos en casa”. El gol criollo está garantizado. Con Salomón, la alegría del Mundial está más cerca.