FC Barcelona: el buque que perdió la brújula


El pensamiento general tras la salida de Josep Guardiola del FC Barcelona era que el equipo podía ser entrenado por cualquiera. Que con Lionel Messi, Andrés Iniesta, Xavi Hernández y compañía, el técnico más gris podía mantener en los puestos altos al equipo de ensueño. Con el piloto automático bastaba.



Error. Tito Vilanova continuó con la tónica de ataque total y toque dejada por Pep, pero su baja por enfermedad dejó las riendas del cuadro (por decisión de la directiva barcelonista) en manos de su asistente, Jordi Roura, esperando la recuperación del timonel.

Aunque el cuadro blaugrana se mantiene en la cima de la Liga española, con doce puntos sobre el Atlético  y 16 por encima del eterno rival, Real Madrid, en las definiciones de ida y vuelta ha fallado. Primero contra el conjunto merengue en la Supercopa de España y en la semifinal de la Copa del Rey, y luego en la ida de los octavos de final de la Champions frente al AC Milan.

“Cuando el equipo funciona es cuando el engranaje en general funciona bien. Si fallan algunos aspectos sufrimos más de la cuenta. Disfrutamos con el balón y cuando nos faltan cosas lo pasamos mal”, consideró Andrés Iniesta, ayer, en rueda de prensa.

Superados por los madrileños en la Supercopa (global 4-4, cayendo por el valor de los goles de visita, con Vilanova como técnico) y en la Copa del Rey (4-2 general, merced de un 3-1 en el Camp Nou el martes), ante el Milan cayó en San Siro 2-0. La vuelta, a jugarse el 12 de marzo en campo catalán, será el reto supremo en la temporada.

¿Qué falta en el Barcelona? Lo primero enfila  al banquillo. Roura, aunque se mantenga comunicado con el convaleciente Vilanova, no tiene la misma capacidad para decidir durante los 90 minutos de juego que su jefe. La estrategia no cambia: dejar únicamente en los pies y la cabeza de los jugadores el resultado del partido. La autogestión.

 “Sin desmerecer el trabajo del resto del cuerpo técnico, Tito Vilanova es nuestro líder. Y claro que le echamos en falta”, indicó el presidente del equipo, Sandro Rosell,a  la prensa española.

Las tomas de decisiones no son contundentes: hasta la motivación se extraña. Incluso, Roura rompió con una ley de vida para Guardiola y Vilanova: no hablar sobre el arbitraje. El asistente emitió declaraciones contra Undiano Mallenco, el juez del compromiso en el Camp Nou, enrareciendo el ambiente previo al partido.

Pero no es solo Roura el apuntado.

Con el ataque estrellándose contra el muro propuesto por el Madrid el martes, no hubo una solución efectiva. Lionel Messi anulado por el medio con marcaje de hasta tres o cuatro jugadores, sin la magia acostumbrada, mientras que en las bandas solo Andrés Iniesta respondía. Pedro tampoco estuvo en su mejor noche. Los recambios para el frente, David Villa y Cristian Tello, entraron sin tampoco resolver.

Con el Xavi más errático que se ha visto en mucho tiempo, el mediocampo tampoco contó con un despertar. Carles Busquets aportó defendiendo, y Cesc Fábregas no estuvo a tono.

La defensa sufrió ante un Cristiano Ronaldo soberbio, temible, acompañado por otro relámpago llamado Ángel Di María. Primero Gerard Piqué, con una entrada a destiempo que devino en el penal sobre el portugués. Luego Carles Puyol sucumbiendo ante el argentino en una imagen difícil de olvidar, en el comienzo del segundo tanto de CR7.

En el tercer gol, Raphael Varane le ganó el salto a Piqué. La puntilla a un partido tétrico del Barcelona, solo maquillado por el tanto de Jordi Alba.

Sin la explosividad ni la efectividad de antaño, este Barcelona está destinado a sufrir en la vuelta de los octavos de final de la Champions. Si en San Siro el Milan se cerró para aprovechar los contragolpes, en el Camp Nou la cosa no cambiará.

Con la Liga prácticamente en el bolsillo (aunque sin confiarse), los culés apuestan lo que les queda de temporada al partido del 12 de marzo. Golpeados anímicamente, saben que levantar la Champions será el mejor premio para una temporada atípica.

A decir de Xavi: “Quedan las dos competiciones más importantes, e iremos por ellas”.

Pero para muchos es el fin de una era.  Para otros,  es solo un bache del que saldrán más temprano que tarde.