Juan Arango en el año 2000: Su sueño era jugar en el Barcelona

La siguiente es una entrevista realizada por el periodista Raúl Semprún para PANORAMA en el año 2000. El protagonista: Juan Arango. En aquel entonces era solo un joven que despuntaba en Venezuela y que dio el salto a México. Trece años después, es el principal referente del balompié venezolano. 

Detenido en la página 27 del libro “Yo soy el Diego”, lo encontramos sentado en el lobby del hotel.
Su mirada ágil y despreocupada, desmenuzaba cada línea del texto en cuya portada Maradona muestra su rostro de niño feliz con la camiseta albiceleste, y se narra en otra voces como si fuese una leyenda inalterable.



“Te espero después de almorzar”, había convenido Juan Arango en voz baja, para ajustar en su horario el momento oportuno para la entrevista. Pero al enfrentarse con la libreta, el lapicero y las interrogantes, la timidez que lo caracteriza recuperó sus alas y se echó a volar.

“Desde que nací siempre quise tener un balón”, fueron las primeras palabras del volante maracayero al referirse a su amor por el deporte que lo llevó a residir desde febrero pasado en la Colonia Caracol, apartamento número 2 del complejo Jardín de las Torres, en cálidas tierras mejicanas.

Allí, en el estante de la residencia que ocupa junto a su esposa Laurys del Valle Tortolero, las imágenes porcelanizadas del Divino Niño y la Virgen de Guadalupe, cuidan que su sueño de jugar algún día en el Barcelona español se sustenten con las buenas actuaciones que pueda tener con el Monterrey.

“Siempre he soñado con ir a Europa como jugador, pero si me dan a escoger un club en especial, el cuadro azulgrana sería el de mi preferencia”, sostuvo el orgullo del barrio “La Democracia“ de Maracay, donde sus distracciones con un balón en los pies siempre dieron que hablar entre sus humildes inquilinos.

Comienzo difícil
Arango habla de su familia y los ojos parecen dos luciérnagas en la madrugada: centellean. “Tengo un sólo hermano. Tiene siete años. Se llama Jean Carlos. No se parece nada a mí... es muy tremendo”, asegura al hablar de quien ya comienza a dar mucho que hablar por sus condiciones futbolísticas.

Pero cuando nombra a doña Gladys y a don Iván, sus progenitores, el volante de 20 años recuerda inmediatamente sus inicios en el balompié. “Son mis mejores amigos. Recuerdo que fue mi papá quien me metió en el equipo baby de la UCV. Yo tenía apenas seis años y hacía muchas piruetas con el balón. Él se entusiasmó mucho. Pero después se decepcionó y no me llevó más, porque en los primeros juegos ni me movía. No me preguntes qué me pasaba. No lo sé”.

Fue así que su mamá surgió como ángel protector de sus sueños. “Ante la decepción de mi padre, mi mamá fue mi salvadora. Ella comenzó a llevarme nuevamente a los juegos y así fue como continué haciendo lo que realmente me gusta”, refirió el jugador de 20 años.

Pese a que la desilusión de su progenitor duró cinco años, y no fue si no a los 11 que éste retomó la confianza en su primogénito, Arango no lo juzga, ya que siempre ha sido un buen ejemplo. “A veces le cuenta a sus amigos lo que pasó como una anécdota. No puedo sentir resentimientos. Gracias a él a los dos años de edad tuve mi primera pelota”, afirma.

De su niñez, el veloz mediocampista retiene las caimaneras en su barriada natal cada 24 y 31 de diciembre, cuando en medio de un sancocho “comunal”, los habitantes del sector La Democracia olvidaban sus tareas cotidianas y se lanzaban al terreno de juego en busca de goles y malabares.

“Renny Vega, Mike Concepción y Carlos García son de allí. Yo he compartido con ellos esas jornadas inolvidables”, sostuvo.

Diego sobre Pelé
Al hablar de sus ídolos, el jugador de pierna izquierda, señala que para él Maradona fue mejor jugador que Pelé. “Quizás porque lo vi jugar dos mundiales y hacer proezas con el Nápoli de Italia”, justificó Arango.

Lo que no avala el volante del Monterrey, es la actitud del astro argentino fuera de la cancha. “Eso sí que no me gusta”, apunta con contundencia.

Sobre los posibles sustitutos del capitán de la selección argentina desde 1986, el joven jugador negó que exista un astro tan completo como Maradona, pero destacó que el brasileño Rivaldo y el francés Zidane se las traen.

“El primero es mucho más técnico y distribuye mejor el juego, pero Zizu tiene la potestad de amarrar la pelota a sus pies como ningún otro y es más ganador”, dijo.

Sin menospreciar
Temperamental, pero respetuoso y muy disciplinado, Arango advierte que para jugar al fútbol hay que darse íntegro en la cancha. De allí, que evitara la confrontación al comentar acerca de sus diferencias con el entrenador de la selección venezolana José Omar Pastoriza.

“Ya eso quedó en el pasado. No hay nada que hablar. Estoy dispuesto a darlo todo por mi país.

Antes de jugar contra Ecuador, Arango mantiene sus reservas sobre el resultado. “Hay que respetar al rival. Debemos hilvanar un partido dinámico con mucho toque y sin perder la concentración. Lo demás será cuestión de corazón. Allí pienso que se marcará la diferencia”, ergulle.

A su juicio, Venezuela ha avanzado en cuanto a la calidad de su fútbol, pero requiere acelerar a pasos agigantados en materia de organización y disciplina. “Si seguimos así nunca llegaremos a ser mundialistas, siempre seremos la cenicienta de Sur América”, advierte el aragüeño.

“No me gusta hablar”
Sin apartar el dedo índice del texto biográfico, Arango se detiene por momentos. Ahora le toca hablar de su personalidad y sus gustos. “Primero que todo, no me gusta hablar. La gente cree que soy arrogante u odioso; que estoy agrandado, cuando lo que pasa es que soy demasiado tímido”.

Al tocar el tema de su lectura, confesó: “Este es el primer libro que leo en mi vida. Y lo hago porque quiero saber toda la historia de Diego. Lo que más me gusta es salir de compras con mi esposa y ver televisión”.

Cuando está en Méjico, los recuerdos apuntan a su familia y a los platos que le prepara doña Gladys. “Aquí la gente es especial, y aunque el equipo no está bien me tratan como si fuese uno de ellos. Pero no imaginas cómo añoro a mi familia y los platos de pabellón y frijoles con cochino que hace mamá”, revela.

Alegría
Asegura que no sabe llorar y no recuerda momentos tristes en su vida, aunque habló de una gran oportunidad que lamentablemente nunca se dio. “El Barcelona, de segunda división, estuvo interesado en adquirir mis servicios, pero nunca se concretó nada”, acotó con un gesto desinteresado y frío.

Para el ex ficha del Nueva Cádiz, Zulianos y más recientemente Caracas en el campeonato nacional, a sus 20 años la vida comienza. Por eso, de aquel retraído estudiante que se graduó en el liceo Rómulo Gallegos aún sobreviven las esperanzas, los sueños, el silencio oportuno y la destreza con que se enfrenta a los retos. Como por ejemplo, ese de dejar a un lado la plática para terminar la primera lectura completa de su vida.