Pep Guardiola, símbolo del éxito

Dos ligas de Campeones, tres ligas españolas, dos mundiales de clubes, tres supercopas de España, dos de Europa y una Copa del Rey. Pero, por encima de todo, la elegancia del juego de toque. No es llegar al gol, es hacerlo con belleza.

Josep Guardiola deja al Barcelona con el éxito como legado. Ganó lo que nadie en poco tiempo, apenas cuatro años. Supo manejar un vestuario de estrellas, de sembrarles la ambición de quererlo todo, restando a “vacas sagradas” cuando incomodaron y confiando en juveniles cuando hicieron las cosas bien.


Llegó como sucesor de Frank Rijkaard cuando el sueño se estaba apoderando del equipo. El holandés ganó una Champions, dos ligas y dos supercopas de España, pero tres dos años de sequía, la directiva encabezada por Joan Laporta le dio las llaves del auto a Guardiola.

Entonces era entrenador del Barcelona B. Venía de lograr el título de tercera división, y solo le precedía su peso como jugador. Como técnico de primera línea, era riesgoso colocarlo al frente de un equipo como el catalán.

 “Creo en el trabajo, el esfuerzo, el talento; que me darán una plantilla para no quejarme de nada, que solo no puedo hacer nada, necesito a otro mundo. Será un trayecto largo, pero persistiré”, afirmó el catalán en su presentación.

Apostaron y ganaron.

Pero los primeros pasos de Pep en el Camp Nou generaron desazón. Salió de Ronaldinho y Deco, advirtiendo a Samuel Eto’o, de quien después prescindió. Le dio oportunidad a Busquets y a Pedro, jóvenes promesas que explotaron en la era victoriosa. Reubicó a Messi en una posición distinta en la que jugaba —de la banda hacia el medio del campo, como “falso nueve”—: le dio una nueva dimensión goleadora al genial argentino.

Y lo ganó todo. Llegaron los éxitos y los reconocimientos. El “odiado rival”, el Real Madrid, tuvo que apelar a José Mourinho para tratar de hacerle frente a la superioridad blaugrana. Nunca la rivalidad de catalanes y madrileños tuvo tanta sazón como con Pep y Mou en el campo. Sin embargo, apenas en 2011 los blancos pudieron quitarle un título (la Copa del Rey) y en 2012 ya tienen casi asegurada la Liga española.

Hombre de sensibilidad comprobada, de bajo perfil y voz calma, claro en sus ideas y en su convicción, elegante en sus modales, todo un caballero dentro y fuera de la cancha, Guardiola supo ganarse al público mundial con sus actos y con el fútbol que enseñaba.

 Es el mismo que jugó con Eusebio Sacristán hace 20 años, en aquel Barcelona que llamaban el “Dream Team”. “Ya demostraba, cuando subió con nosotros, su entusiasmo, su pasión por el fútbol, demostraba su inteligencia, siendo un chaval, para leer el juego, organizaba el juego, elegir las jugadas, leer lo que estaba pasando en el partido”, recordó el exvolante en una entrevista con este diario.

Pero hoy la presión pudo más. Ya en diciembre de 2011 advertía sobre su salida del equipo, y en cada rueda de prensa evadía el tema de su renovación –anual, nunca por más de un año, como es su costumbre—. Esta semana, donde perdió la carrera por la Liga y por la Champions, decidió dar un paso al costado.

Para José María Bakero, excompañero de Pep en el Barcelona, Guardiola deja como legado  “la simplicidad de un equipo que juega a uno-dos toques en todo el campo, salvo el último tramo, donde está la calidad individual. Deja una filosofía de fútbol y una manera de comunicar. Ha evitado polémicas,  no ha entrado a discutir cuestiones extradeportivas. Es una persona que le gusta su profesión y que como entrenador le da un toque personal al club importante, que espero que continúe”.

“Decir adiós al éxito es difícil”, subrayó Bakero a PANORAMA. “Él ha sido honesto, porque es barcelonista y culé”.

El mundo no olvidará que condujo al equipo más dominador del siglo XXI. Su legado permanecerá escrito en los campos de juego y las páginas de historia.