Ubaldo Fillol sobre el Mundial de 1978: “Jugamos con el corazón”

Decisivo, fundamental, notable, casi indispensable. Bajo los tres palos, su nombre era sinónimo de muralla. Ubaldo Fillol es el gran portero argentino (y americano, para muchos) de todos los tiempos. Treinta años después de su entrada al campo de los inmortales, con la obtención del título mundial de 1978 en Argentina  el “Pato” continúa siendo toda una institución en el fútbol gaucho. Sus conocimientos y su experiencia, a los 57 años, están al servicio de la selección albiceleste.

El nativo de San Miguel del Monte, que detuvo más de 260 penales en casi veinte años de carrera en Quilmes, Racing, River Plate, Argentinos Juniors, Flamengo, Atlético de Madrid, Vélez Sarsfield y el combinado albiceleste, conversó con PANORAMA, vía telefónica desde tierras ríoplatenses, acerca del campeonato mundial del 78, sus vivencias y confesiones.

—¿Qué significó para usted la obtención del Mundial de 1978?
—Hay un antes y un después para todos nosotros, que tuvimos la suerte de ser campeones mundiales por primera vez en la historia del fútbol argentino. Es historia pura todo eso. Después de un Mundial ganado, cualquier otro título que puedas conseguir ya no es lo mismo.

—Usted estuvo en Alemania 1974, atajó un partido. ¿Cuánto cambió la selección para hacerse con el campeonato siguiente?
—El fútbol argentino, en 1974, todavía no estaba organizado, no había un proyecto, una idea, un trabajo sincronizado, una labor a futuro. Todo eso lo creó el “Flaco” (César Luis) Menotti después del Mundial del 74, cuando se hizo cargo, presentó un proyecto al fútbol argentino, los dirigentes, todos en su totalidad, lo aceptaron, y allí empezó la historia nueva del fútbol argentino, con un proyecto que aún vive en la Asociación.

—¿Cómo llegó usted al torneo?
—En la primera convocatoria con Menotti como técnico nuevo, en 1975, tenemos un entredicho y yo quedo desafectado de la selección. Menotti me vuelve a convocar en diciembre del 77, porque estaba atajando muy bien en River, había un consenso generalizado de la gente, un pedido muy fuerte del periodismo, para que yo estuviera en la selección, entonces él me convoca y yo me reintegro en enero del 78, el 5, cuando empezaba la pretemporada de la Copa del Mundo. Debido a mis grandes actuaciones fuera de la selección me gané un puesto, pero me perdí tres años.

—¿Cuál fue la influencia de Menotti en ese equipo?
—El “Flaco”, en todo ese tiempo, había hecho un esquema de juego y todos los jugadores lo interpretaron de la mejor manera. Lo que nos pedía durante la Copa era que tuviéramos memoria en todo lo que él nos había inculcado en esos cuatro años de trabajo, y fuimos fieles a su pedido de orden y coraje.

—Estaban Mario Kempes, Daniel Passarella, Osvaldo Ardiles, René Houseman...
—Había futbolistas estupendos, y el mensaje del “Flaco” se respetó hasta lo último. Pero había alguien dentro del grupo que fue fundamental para todos nosotros, que era Ricardo Pizzarotti (ayudante técnico de Menotti). Hace un año que falleció y él fue el que nos unió para ese evento y el que nos mantuvo así hasta el día que murió. Supo fortalecer al grupo. Tiene el mismo mérito que Menotti.

—Argentina no fue sólo Kempes y sus goles. ¿Cómo califica su labor en la portería?
—Tuve un mundial muy parejo, gracias a Dios. Un nivel muy parejo. Para mí, mis mejores partidos fueron contra Brasil y contra Holanda, en la final.

—Pero siempre será recordado por aquel penal que le paró a Kazimierz Deyna, en la segunda ronda...
—Lo que pasó con el penal que le atajé a Deyna, contra Polonia, fue algo muy extraño. Después de 30 años la gente y el periodismo me preguntan y me recuerdan ese penal. Me inmortalizó, no sé. Era un equipo muy difícil el polaco y a través de ese penal tuve la suerte y el coraje de ganar el partido. Era un rival muy peligroso Polonia y un chuteador muy terrible Deyna.

—¿Cuál es el secreto para detener penales?
—No sé si es secreto, pero cada uno tiene su método. Yo hoy, todavía, tengo el récord de penales atajados en el fútbol argentino, por lo que atajé en el campeonato y en la selección. Siempre me basaba en tenerme mucha confianza, muchísima, y tenía mucha fuerza de piernas, además de una intuición muy especial, por lo que la mayoría de las veces adivinaba los penales. Y debido a la potencia de piernas que yo tenía, si adivinaba el penal, el 70 u 80% de las veces lo detenía.

—¿Cómo vivió aquel partido definitivo contra Holanda, el 3-1 argentino?
—La final la jugamos con el corazón. Veíamos la manera que estaba jugando su mundial todo el país, era tremenda la euforia que había, y eso hacía que nosotros, en todo el partido, juntáramos mucha adrenalina. Fuimos los justos ganadores.

—Muchos acusan a aquella selección argentina de ser instrumento de la Dictadura militar, y de sucesos “extraños” como el partido contra Perú que ganaron 6-0. ¿Qué le responde usted a los críticos?
—Con el tiempo, te das cuenta que esa gesta deportiva fue utilizada para tapar muchas cosas, no por intención nuestra, sino porque los que estaban en el Gobierno en ese momento usaron el triunfo deportivo para ocultar muchas cosas que pasaban en ese momento y que uno las desconocía. Es el día de hoy que nos estamos enterando de varias cuestiones, 30 años después. Imagínate en ese momento, que uno desconocía mucho.

—¿Y cómo veía el marco en aquel entonces?
—En ese momento éramos 25 millones de argentinos. Todo el mundo salió a la calle. Hay que tener memoria. Le dimos una satisfacción al país todo. No sabíamos lo que pasaba. Hoy somos conscientes de que se tapaban muchas aberraciones con ese triunfo deportivo, y en ese aspecto nos sentimos usados, pero no culpables de nada.

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