La Navidad beisbolera de Mathías

Cada semana, sentados en el puesto de comidas, Mathías preguntaba a sus padres por qué había tanto ruido en el gigantesco lugar del frente. De dónde salían tantas luces. Y toda la música. ¿Qué era todo eso?

Con cinco años, siempre le han gustado los deportes. Ojos vivaces, inteligencia y picardía en cada acción y con una sonrisa del tamaño de su ilusión, Mathías es la felicidad de Marian y Rory, sus padres.

“Hemos ido varias veces al puesto de comidas y él siempre me pregunta por el estadio. Siempre se imaginaba cómo sería. Yo le decía que allí se juega el béisbol”, recuerda su mamá.

Marian y Rory planearon todo. Consiguieron tres boletos y prepararon todo. “Le dijimos que le teníamos una sorpresita. Pero tienes que vestirte de naranja”.

Águilas del Zulia es el equipo de Maracaibo. La principal pasión del habitante de la ciudad al oeste de Venezuela es el béisbol: desde 1969 el equipo rapaz acaparó, casi sin oposición, el corazón del zuliano. Han ganado dos títulos del Caribe y cinco nacionales. Su nido es el estadio Luis Aparicio "El Grande".

“Mathías, vas a conocer un lugar especial”. Marian seguía creando la expectativa.



Cerrándole los ojos, Marian y Rory llevaron a su pequeño. Escalón por escalón, la emoción aumentaba. De las sombras a la luz. De la incertidumbre a la euforia.

-Mathías va a conocer, hoy primero de diciembre, el estadio… el estadio…

-¿Ya? ¿Ya?

-¡Ya! ¿Cómo te sientes?

-¡¡¡Feliz!!!

-¿Viste que es supergrande?

-¡¡¡Sí!!!

En esa primera oportunidad, en la que Águilas jugaba contra Leones, uno de los grandes rivales de los naranjas, Mathías pudo conocer al béisbol. Aunque salió molesto porque no pudo tener una pelota, “de esas con la que están jugando”, su mamá cumplió su sueño al partido siguiente.

El jugador Ramón Cabrera le firmó una pelota. Y más allá: Mathías pudo correr en el estadio, alrededor del campo. Dio tres vueltas y terminó exhausto, en la grama.

Feliz.

Porque la felicidad también puede expresarse en la redondez de una pelota.