Sócrates, el rebelde que nunca se rindió

Cerraba  el francés Bernard Morlino  su perfil sobre Sócrates, del libro Retratos legendarios del fútbol: “Qué más da, en Brasil  los héroes son futbolistas, no guerreros”. El  héroe se fue ayer a jugar fútbol en la eternidad.

Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, el desgarbado  cerebro del prodigioso Brasil de los 80, falleció ayer en el hospital Albert Einstein, de Sao Paulo, víctima de un shock séptico por problemas en el hígado.

  Tenía 57 años.



 Un bohemio del fútbol, caminaba, trotaba en el campo, con paso firme, como en la vida.  Parecía un jugador de baloncesto, pero hacía maravillas con el pequeño pie derecho  que tenía (medía casi dos metros, pero calzaba 37).

  Barbudo, con cara de filósofo (como su homónimo griego), su pensamiento rebelde en medio de la dictadura de derechas que vivía Brasil le colocó en la palestra del deporte amazónico. No dudó en colocarse una bandana en la cabeza durante un compromiso: la cinta blanca decía “Paz para la gente”.

 “Para mí, lo ideal sería un socialismo perfecto, donde todos los hombres tengan los mismos derechos y los mismo deberes. Una concepción del mundo sin poder”, argumentó en una entrevista.



Propulsor de la “Democracia Corinthiana”, en la que en el  “Timao” —que dedicó el campeonato obtenido ayer en Brasil a la gloria de su héroe— escogía todo por la votación de jugadores, técnicos y hasta socios del equipo, nunca renunció a su libre pensamiento, ese que le reconocía “su derecho” a fumar y a beber cuando le diera la gana.

Encabezó el gran Brasil de los años 80, que asombró al planeta en los mundiales de España 1982 y México 1986, pero que nunca pudo levantar una copa, a pesar de tener cracks como Zico,  Junior y Falcao.
Con la selección amazónica fue internacional en 63 oportunidades, marcando 25 goles. Disputó diez compromisos en los mundiales 82 y 86,  marcando ocho goles.

 Graduado como médico, militó en el Botafogo, Corinthians, Santos y Flamengo de Brasil, además de pasar una temporada en la Fiorentina italiana. Tuvo un corto paso por el modesto Garforth Town, de Inglaterra.

Aunque jugó contra Venezuela en distintas oportunidades en los 80, sólo pudo marcarle —recuerda el estadista merideño Javier Minniti— en una ocasión: el 29 de marzo de 1981, en Goiánia. El duelo de eliminatorias a España 82 terminó 5-0 a favor del Scratch.

 Durante la Copa América 2011, analizó el torneo para la AP. Tuvo palabras elogiosas para Venezuela, calificándola de “buena sorpresa”.  Diez años antes, sobre la Vinotinto decía que era “el único equipo inferior a Brasil, pero ¡ojo!..”. 

El rebelde eterno partió al firmamento. Héroe de su patria, Brasil lo lloró. Él habría respondido con un desaire de irreverente.

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