Soto Rosa, caballero de Mérida


El dirigente andino, de 81 años, construyó uno de los clubes con mayor afición: Estudiantes.

Si Estudiantes de Mérida es un club tan rico en historia es, en mucho, gracias a Guillermo Soto Rosa. Ingeniero de profesión, uno de los padres del club académico y adalid de su causa por largo tiempo, su nombre adorna la cuna del equipo de la capital emeritense.

Soto Rosa, hijo de un coronel barinés, José María Soto Rosa, y de la merideña Ana Emilia Monsant, nació en Ejido el 14 de abril de 1928.

El amateurismo de la época lo tuvo como uno de sus delanteros más destacados. En los equipos San José, Universidad de Los Andes (donde también se graduaría de ingeniero civil), Liceo Libertador y San Ignacio de Loyola brilló como un gran goleador, a pesar de las lesiones.

Uno de los grandes admiradores de Soto Rosa es el ex seleccionador nacional Richard Páez.



“Para nosotros los merideños es un ícono futbolístico. No sólo fue un representante futbolístico de altas condiciones, un goleador nato, diferente en su plano de actividad. Cuando se retiró, en lo único que pensó fue en el fútbol. Tanto así que es uno de los fundadores de Estudiantes y uno de los hombres que mantuvo una visión de un fútbol ofensivo, que apostara a mayores argumentos en la cancha”, afirmó el estratega a PANORAMA, vía telefónica desde Mérida.

Luego de destacar como jugador, la capital emeritense le honró bautizando con su nombre el estadio olímpico de la ciudad, el 5 de septiembre de 1969.

En 1970, el vasco José Arano y Luis Ghersi contactaron a Soto Rosa para germinar la semilla de Estudiantes, que nació para la zafra 1971. Desde entonces, el devenir del cuadro académico ha estado ligado a la vida de Soto Rosa.

Pedro Quintero, cronista del club, creó una página web en honor a Soto Rosa (sotorosa.8m.com). El aficionado emitió sus consideraciones sobre el jerarca académico a este diario: “Ha sido el gran timonel de Estudiantes durante casi 40 años. Es su padre y mentor, y creo que muchos de sus males físicos en la actualidad son por la mala situación en la que está el equipo”.

Ruberth Morán, una de las glorias del balompié emeritense, le tuvo como preceptor desde temprana edad en el club Guillermo Soto Rosa, del que salieron otros míticos futbolistas como Manuel Sanhouse y Rafael Dudamel: “El mensaje que nos daba desde pequeños era que vistiéramos la camiseta del Estudiantes, que lo sacáramos adelante”.

“Siempre fungió como un padre para mí, y me apoyó muchísimo para que yo fuera futbolista profesional, en lo económico, lo motivacional y lo logístico”, añadió Morán.

Gabriel Urdaneta es otro de los “próceres” del balompié andino, y él también tuvo palabras para Soto Rosa. “He tenido el grato honor de desarrollar una amistad con él cuando estuve en Estudiantes. Su apoyo incondicional al fútbol merideño y a lo que representa el club en el concierto futbolístico lo colocan como ejemplo para los directivos, de consagración a una causa, a unos colores. Es algo que a muchos les falta”.

Además, el ingeniero Soto Rosa fue el padrino de la boda de Páez con doña Yajanira Gómez. “Es una razón suficiente para decirte la amistad y la reciprocidad de sentimiento que tenemos con un hombre que nos apoyó mucho cuando éramos jugadores y que nos apoyó cuando fuimos técnicos de Estudiantes”, señaló el padre de la vinotinto.

En la actualidad, el patriarca merideño lucha por su salud. Hospitalizado en Caracas por una neumonía, a sus 81 años sigue con la fuerza y la jovialidad de siempre, con la caballerosidad de alguien que supo exaltar el gentilicio merideño a través de una camiseta, la rojiblanca de Estudiantes.

Comentarios

  1. Gracias Soto Rosa por este sentimiento llamado Estudiantes de Mérida fc

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  2. El perfil lo publiqué en PANORAMA el pasado 21 de febrero. Lamentablemente el Dr. Soto Rosa dejó de existir físicamente el viernes 12 de marzo. Paz al alma de este gran luchador del deporte, el padre de Estudiantes de Mérida.

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